Sé lo que es el sanchismo, igual que lo saben Felipe González y Alfonso Guerra. Lo dejan claro, siempre que figuran en actos de los que tan bien organiza Pedro Bofill, quien invita a independientes como yo, o a gente relevante del PP, PSOE y otros partidos. De ellos nadie, tampoco yo, creemos que el sanchismo tenga nada que ver con la socialdemocracia.
Sánchez lo demuestra cada día. Pareciera que se cree el Rey Sol; pero no, él piensa que brilla, como el Quasar J0529-4351, tan resplandeciente como 500 billones de soles. “Le Roi Soleil” era también el nombre del buque insignia de la Armada de Luis XIV, hasta que lo hundieron los ingleses. Los españoles podemos mandar a donde merece a su petulante imitador, cuyo buque insignia, tan extremista como él, es el Ministerio de Transición Ecológica, a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y su Dirección General de la Costa y el Mar. Su última ocurrencia es un proyecto de Decreto “por el que se adoptan medidas de gestión de los riesgos de inundación”, que abarca tanto a aguas terrestres como marítimas, y está sujeto a información pública hasta el 16 de septiembre. ¿De verdad confiscar fincas soluciona las inundaciones, o éstas son el pretexto? Eso me decía Carmen del Amo, que lleva décadas de lucha tenaz, desde la Asociación Europea de Perjudicados por la Ley de Costas (AEPLC), pues invocan para ello el desarrollo de una Directiva, la 2007/60/CE, de hace 20 años. En ríos, el Decreto se ciñe a las inundaciones; pero en Costas, lo que pretende es una confiscación -sin límites de extensión, ni indemnización alguna- de la propiedad litoral, que deja chico el “exprópiese” de Hugo Chávez.
En España, la Ley de Costas de 1988, es ya muy rigurosa en favor del dominio público estatal, y el Reglamento de 2014, igual que ella. Ahora pretenden cambiar el artículo 4 del Reglamento, referido a los deslindes del dominio público marítimo-terrestre (DPMT), que siguen la regla principal de hasta donde alcancen 5 temporales, en un período de 5 años. El cambio propuesto, dice: “Para fijar el límite hasta donde alcanzan las olas en los mayores temporales conocidos, se considerarán las variaciones del nivel del mar debidas a las mareas y el oleaje desde que existan registros de boyas o satélites, o datos oceanográficos o meteorológicos. Para calcular el alcance de un temporal se utilizarán las máximas olas registradas o calculadas con esos datos”. Es decir, “hasta donde les dé la gana”. Basta con un solo temporal, que excepcionalmente puede alcanzar kilómetros, y no sólo con datos actuales, sino también “oceanográficos”. Según eso, el DPMT, en el Mediterráneo, podrían llevarlo hasta Cuenca. Un dato oceanográfico, es que el mar Mediterráneo se extendía hasta Cuenca, durante las eras Mesozoica y Cenozoica. Ahí está el origen de “la Ciudad Encantada”, o de otras cavidades kársticas, como las conocidas Torcas. No es broma, podría suceder, pues la Paleoceanografía es una especialidad de la Oceanografía.
¿Estamos locos? Yo no; pero cada vez me siento menos acompañado. De hecho, a día de hoy se rebasan fronteras, que ni siquiera en la Monarquía Absoluta se habían transgredido. Su mayor valedor, Jean Bodin (Bodino), en “Los Seis Libros de la República” (1576), pese a todo le puso límites: “Ningún príncipe del mundo tiene poder (…) para apoderarse de los bienes ajenos (…). Todos los reyes y príncipes están sujetos, sin excepción de papa ni emperador, pese a que ciertos aduladores afirman que éstos pueden tomar los bienes de sus súbditos sin causa. (…) Yerran al admitir que les es posible hacerlo usando de su poder absoluto. Sería mejor decir mediante la fuerza o las armas, lo que constituye el derecho del más fuerte y de los ladrones (…). Es impropio decir que el príncipe soberano tiene poder para robar los bienes ajenos y hacer mal, cuando, en realidad, sería impotencia, debilidad y cobardía. El príncipe soberano no (…) podrá tomar los bienes ajenos sin causa justa y razonable, es decir, por compra, trueque o confiscación legítima”. Hoy lo hacen por confiscación ilegítima; es decir, con causa ficticia y sin indemnizar.