ASOCIACION EUROPEA DE PERJUDICADOS POR LA LEY DE COSTAS (AEPLC)
Presidente CARMEN DEL AMO, tf 626 823 246. e-mail: perjudicadoporcostas@yahoo.es // Vicepresidente 1º JON ITURRIBARRIA // Vicepresidente 2º GUILLERMO CASANOVA
LA VERDAD SOBRE LA LEY DE COSTAS (incluida en el informe auken)
A Nuestra Costa (2012) from Antidoto Sonoro on Vimeo.
martes, 3 de febrero de 2026
El litoral en disputa: el bloqueo de la Ley de Costas frente a los modelos que ensaya Europa
viernes, 30 de enero de 2026
El dilema: ¿el mar avanza o la costa retrocede? JAVIER CREMADES PERIS
El “avance del mar” como coartada para desviar la atención del verdadero origen de la regresión de nuestras playas
Estos espacios
no son estáticos. Funcionan como sistemas vivos que dependen de un proceso bien
conocido: los ríos transportan arenas y gravas desde el interior, las
corrientes marinas las redistribuyen a lo largo de la costa y los temporales
las desplazan. Cuando ese sistema funciona, el litoral tiene capacidad de
adaptación incluso frente a episodios extremos o a la subida progresiva del
nivel del mar. Pero cuando se rompe —principalmente por la construcción de
presas en los ríos y espigones en los puertos—, como está ocurriendo en gran
parte de nuestro litoral, la costa se queda sin su “materia prima” y pierde
terreno.
En ese
contexto, nuestra costa retrocede de forma sustancial por causas humanas
de ámbito local, al haber perdido el equilibrio natural que durante siglos la
sostuvo. A menudo se atribuye esta regresión al aumento del nivel del mar
asociado al cambio climático, pero su incidencia sigue siendo secundaria frente
al déficit de sedimentos, como han señalado tanto el proyecto europeo EUROSION,
elaborado para la Comisión Europea, como la propia ONU, que identifican la
interrupción del transporte sedimentario como la causa central de la erosión
costera, en un contexto hoy agravado por el cambio climático.
Sin embargo,
este matiz suele desaparecer del discurso público en nuestro país. Y no se
trata de una discusión semántica: hablar de “avance del mar” presenta el
problema como algo inevitable, mientras que hablar de “retroceso de la
costa” obliga a mirar decisiones internas y responsabilidades
políticas que, por falta de voluntad política, han permanecido demasiado
tiempo en segundo plano. Así lo vienen alertando desde hace años más de 50
asociaciones cívicas que integran el grupo de interés de la Generalitat
Valenciana SOMOSMEDITERRANIA, que advierten del daño generacional que se está
produciendo.
Conviene
recordar un hecho esencial: las viviendas tradicionales y los paseos marítimos
de municipios de la costa valenciana como Cabanes, Nules, Xilxes, Dénia o
Guardamar del Segura, al igual que en otros puntos del litoral español, no se
construyeron dentro del mar y se levantaron conforme a la legalidad vigente en
cada momento. Sin embargo, hoy la Administración del Estado ignora las
causas reales de la erosión para sostener que esos suelos debieron considerarse
dominio público marítimo-terrestre y aplica por ello la Ley de Costas con
carácter retroactivo sobre realidades urbanas consolidadas, dando lugar a
órdenes de demolición o a la pérdida efectiva de los derechos de propiedad, sin
una compensación justa y proporcionada, en los términos exigidos por el
artículo 1 del Protocolo nº 1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
Aquí aparece un
punto clave: la diferencia entre cómo la jurisprudencia española ha venido
interpretando estas situaciones y cómo lo hace la jurisprudencia europea en
materia de derechos humanos. Aunque en España no se califiquen formalmente
estos supuestos como “confiscación”, el enfoque europeo se fija en algo
esencial: la propiedad no es solo un título legal, sino el derecho real a
usarla, disfrutarla y conservar su valor.
Por ello, el
Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha reiterado que, cuando una actuación
pública priva de forma sustancial a una persona de ese contenido esencial sin
una compensación justa y proporcionada, se vulnera el derecho de propiedad, con
independencia del nombre jurídico que se utilice.
Dicho de forma
clara, así se aplica hoy en España: cuando, mediante un deslinde, una propiedad
privada pasa al dominio público marítimo-terrestre, el propietario pierde su
título y, como “compensación”, recibe una concesión administrativa temporal
para seguir usando lo que ya era suyo, ahora de forma limitada y
revocable. El resultado es claro: pierde la vivienda y, además, debe
asumir los costes de su demolición. No existe, por tanto, una indemnización
económica real ni un derecho equivalente que sustituya al perdido.
A esta
situación se suma una paradoja difícil de justificar. En marzo de 2024, el
Senado aprobó por mayoría la toma en consideración de una reforma de la Ley de
Costas para proteger los núcleos urbanos tradicionales del litoral con valor
etnológico. Sin embargo, casi dos años después la iniciativa permanece
bloqueada en el Congreso de los Diputados, pese a que la propia Cámara Baja aprobó
su toma en consideración el 10 de junio de 2025, con 189 votos a favor y 155 en
contra, para iniciar el debate de la reforma, mientras miles de viviendas
continúan atrapadas en un limbo jurídico.
Para comprender
la magnitud del problema, basta un ejercicio de empatía. Imaginemos que se
aprueba una nueva ley urbanística y se aplica con carácter retroactivo en
barrios consolidados de ciudades del interior y que, para adaptarlos a las
normas actuales, se retira a los propietarios su título de propiedad para ensanchar
calles o crear zonas verdes, ofreciéndoles como única “compensación” un permiso
temporal para seguir viviendo en su casa hasta su derribo, asumiendo además los
costes del mismo y sin indemnización.
La pregunta es
inevitable: ¿lo aceptaríamos?
Proteger la
costa y los asentamientos humanos es una obligación colectiva y, en
contadas ocasiones, cuando no existe alternativa de protección o concurren
razones claras de interés general, una vivienda puede llegar a
demolerse. Pero un hogar no debería destruirse sin una compensación justa
y proporcional. Cuando se sacrifican hogares en nombre del bien común sin
reparar adecuadamente a quienes los pierden, lo que se resiente no es solo la
costa, sino la calidad democrática de nuestras decisiones públicas.
https://www.levante-emv.com/opinion/2026/01/30/dilema-mar-avanza-o-costa-126187721.html
martes, 14 de octubre de 2025
El desahucio de la memoria: crónica de una Democracia canalla con sus abuelos (FRANCISCO ROS)
Hay una crueldad que no grita, que no sangra a la vista. Es una crueldad de papel timbrado, de expedientes y de plazos. Es la crueldad de una sociedad que mira para otro lado mientras desahucian el alma de sus propios abuelos.
Hablemos de ellos. De esa generación que levantó un país de sus cenizas. Hablemos de esas manos, hoy temblorosas y manchadas por la edad, que en la España gris de la posguerra no supieron de descanso. Manos que amasaron pan, pero sobre todo amasaron ladrillos empapados en sudor y necesidad. Hombres y mujeres que construyeron su hogar como quien construye una promesa: con la ilusión de que el sacrificio, al menos una vez en la vida, tendría recompensa.
No conocieron las vacaciones. No supieron lo que era viajar. Resulta una ironía sangrante que muchos de esos abuelos, que levantaron su casa a pocos metros de las olas, jamás vieran el mar más que como el telón de fondo de su faena. El mar no era ocio, era el horizonte de una vida de trabajo. Y todo para qué. Para que ahora, 47 años después de que este país estrenara una Constitución que prometía justicia y protección, esa misma democracia les pague de la forma más canalla posible.
El verdugo tiene nombre: Ley de Costas de 1988. El ejecutor, un Ministerio (MITECO) que, con la frialdad de un cirujano amputando un miembro sano, traza una línea en un mapa y sentencia: "Esto ya no es suyo".
No nos engañemos. Esto no es un procedimiento administrativo. Es un acto de maltrato institucional. Es la confiscación de una vida entera. Aquella casa, comprada legalmente, construida bajo un plan urbanístico vigente, con cada permiso en regla, se convirtió de la noche a la mañana, por el capricho retroactivo de una ley, en una usurpación. El Estado les dice a nuestros abuelos que son intrusos en el único castillo que han tenido, en el refugio que construyeron con lágrimas y privaciones. ¿Qué clase de sociedad permite esta infamia en silencio?
Nos hemos convertido en una sociedad de memoria selectiva. Lloramos por ficciones en una pantalla, nos indignamos por injusticias a miles de kilómetros, pero somos incapaces de ver la humillación que sufren quienes viven en nuestra misma calle. Hemos normalizado que la palabra "ley" esté por encima de la palabra "justicia". Hemos aceptado que el "interés general" sirva de excusa para triturar el interés más básico del ser humano: morir en paz en su propio hogar.
Y en medio de este atropello, están los nietos. Les contamos cuentos sobre el valor del esfuerzo, sobre el respeto a los mayores, sobre la importancia de las raíces. Pura hipocresía. Porque lo que ven con sus propios ojos es la lección más brutal de todas: que el esfuerzo de tus abuelos no vale nada. Que el Estado puede robarte tu historia con una firma. Que la casa donde aprendiste a andar, donde celebraste las navidades, donde aún huele a la comida de la abuela, puede ser demolida por un concepto tan abstracto y cruel como el "Dominio Público Marítimo-Terrestre". Les estamos legando un solar de cinismo.
La sociedad de antes, la de nuestros abuelos, era una sociedad de sacrificio, de comunidad, de palabra. ¿Y ahora? ¿Qué sociedad somos ahora? Somos la sociedad que mira el móvil mientras a nuestro lado se comete un despojo. La que calla por comodidad. La que ha olvidado que un país que no honra las cicatrices y el sudor de sus viejos es un país sin alma, a la deriva.
La próxima vez que vean una de esas casas amenazadas, no vean una infracción. Vean un monumento al esfuerzo, un santuario de la memoria que estamos dejando caer. Porque cada ladrillo que se derriba no es una victoria de la costa, es la prueba de nuestra propia miseria moral. Es el eco de una pregunta que deberíamos hacernos todos, mirándonos al espejo: Si esta es la forma en que tratamos a quienes nos dieron todo, ¿qué nos queda?
La ley de Costas de 1988
Se suele atribuir la desaparición de playas al cambio climático y al aumento del nivel del mar. Sin embargo, estudios técnicos muestran una realidad más compleja: la causa principal es la falta de aporte de sedimentos.
El ciclo natural de formación de playas depende del transporte de sedimentos -arena y gravas- arrastrados por los ríos hacia la costa. Durante miles de años este proceso regeneró las playas de forma natural.
Hoy, presas, embalses y puertos bloquean este flujo: se estima que alrededor del 60% de los sedimentos ya no llegan al mar. El resultado es un litoral sin arena suficiente para mantenerse frente al oleaje.
El cambio climático influye, pero en muchos casos su impacto es secundario. Investigaciones en California y el sur de España demuestran que restaurar el aporte de sedimentos es mucho más eficaz que centrarse únicamente en el aumento del nivel del mar.
Aunque infraestructuras como embalses y puertos son necesarias para el desarrollo, alteraron gravemente el equilibrio litoral. Diseñados sin considerar la interdependencia entre ríos y costas, interrumpieron los ciclos naturales de sedimentación.
Esto afecta no solo a la morfología de las playas, sino también a la biodiversidad costera. Las dunas, que dependen de arena continua, desaparecen, aumentando la vulnerabilidad frente a temporales y erosión.
La Ley de Costas de 1988, que pretendía proteger el dominio público marítimo-terrestre, eliminó la propiedad privada de miles de viviendas costeras, muchas de ellas legales y consolidadas, sustituyéndola por concesiones administrativas solicitándolo, de 30 a 75 años, y siendo revocables en cualquier momento. Desde entonces, numerosos propietarios han visto cómo sus bienes eran convertidos en dominio público sin compensación económica.
Aunque la Ley pudo justificarse inicialmente en términos de protección ambiental, en la práctica ha derivado en un instrumento de despojo masivo. Hoy supone una violación de derechos humanos y un ataque al principio de justicia social.
El verdadero dilema no es elegir entre medio ambiente o propiedad privada, sino lograr un equilibrio que proteja ambos. Podemos tener costas limpias y sostenibles, sin sacrificar derechos fundamentales.
Europa nos recuerda que la propiedad privada es un derecho esencial. No puede subordinarse a políticas que ignoren la justicia social ni a normas que generen inseguridad jurídica. Es imprescindible que España adapte su legislación al marco europeo y garantice indemnizaciones justas, transparencia y respeto por las comunidades costeras.
No basta con ser espectadores: debemos ser protagonistas del cambio. Nuestras voces deben llegar a Bruselas para exigir una reforma de la Ley de Costas de 1988 que respete los principios europeos de equidad y protección integral.
Francisco Ros es presidente Asociacion en Defensa de Playas Norte de Denia (APNDenia)
miércoles, 27 de agosto de 2025
Incendios y regresión costera: el precio de mirar hacia otro lado (Belén López, Manuel López y Javier Cremades)
"Tierra y mar comparten el mismo fracaso: la prevención nunca llegó"
Arden los montes y se hunde la costa. Más de 400.000 hectáreas calcinadas en la península ibérica y un verano que repite su tragedia: bosques arrasados, vidas en riesgo, pueblos desalojados. En el litoral, la escena es paralela: el mar avanza, las playas se borran y los deltas retroceden. Tierra y mar comparten el mismo fracaso: la prevención nunca llegó.
En los incendios, la prevención significa limpiar montes, gestionar el combustible forestal, mantener cortafuegos, recuperar cultivos abandonados y fomentar actividades como el pastoreo o la ganadería extensiva. Invertir en ello no suele dar titulares ni votos inmediatos, pero cada vez más ciudadanos nos damos cuenta que es lo que realmente evita los desastres. Los responsables públicos deberían impulsar también la participación ciudadana como parte de la solución.
En el mar, prevenir exige reconocer que puertos y embalses han roto el equilibrio natural: los primeros retienen arena y los segundos bloquean sedimentos que antes llegaban a la costa. Esa arena alimentó playas y deltas; sin ella, el mar avanza. Según el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex), los embalses españoles acumulan ya unos 6.384 hm³ de sedimentos, volumen que debería haber seguido su curso hacia el mar. En cuanto a los puertos, no existe un inventario nacional consolidado, pero la experiencia demuestra que cada infraestructura puede llegar a interceptar desde unos pocos miles hasta más de 100.000 m³ de arena al año.
Sin embargo, no lo hacen. Los puertos se amplían sin devolver la arena que retienen y los embalses siguen bloqueando los sedimentos. La Administración, en lugar de frenar la regresión cumpliendo con el artículo 46 de la Constitución —que obliga a conservar y proteger el patrimonio natural y cultural— reescribe los deslindes tierra adentro: borra playas, borra historia y derriba pueblos enteros en nombre de una falsa protección de las personas al cambio climático.
El cambio climático es una amenaza real, pero sin el aporte natural de sedimentos sus efectos se multiplican. Culpar solo al clima, mientras se ocultan causas humanas, es greenwashing: un falso ecologismo que encubre la gestión negligente y libera a grandes corporaciones —gestoras de puertos, electricidad, agua o regadío— de las responsabilidades medioambientales que exige la normativa europea y española.
Estas casitas, levantadas hace un siglo con diseño uniforme y sabor mediterráneo, fueron parte de un ambicioso proyecto del ingeniero de montes Francisco Mira. A comienzos del siglo XX, Mira ideó un plan pionero para frenar el avance de las dunas que asfixiaban Guardamar: transformarlas en una gran pinada de 800 hectáreas —el actual Parque Alfonso XIII—. Sobre aquellas dunas, a 100 metros del mar, se construyeron las viviendas, concebidas como una barrera que protegiera la pinada de la salinización. Una estrategia innovadora, basada en soluciones naturales, que en su día mereció el reconocimiento de expertos, instituciones y del propio rey Alfonso XIII.
miércoles, 20 de agosto de 2025
Cientos de vecinos de Babilonia se echan a la calle contra los derribos de las casas
sábado, 8 de febrero de 2025
Las razones de los afectados por el deslinde de la costa de Dénia
- La Asociación de Afectados por la Ley de Costas de Dénia ha confeccionado un escrito para contrarestar "verdades parciales y falsedades que proliferan entre la opinión pública"
- Aseguran que "somos propietarios legales y legítimos de nuestras viviendas"
La Asociación de Afectados por la Ley de Costas de Dénia ha confeccionado un escrito que ha remitido a los medios de comunicación para defender su verdad contra lo que consideran "verdades parciales y falsedades que proliferan entre la opinión pública". "Los vecinos sabemos que construimos o adquirimos nuestras casas en los lugares indicados por los reguladores urbanísticos de la época: los ayuntamientos, la Ayudantía de Marina de Dénia y, más tarde, Costas de Alicante y a una distancia considerable de la playa. Y también sabemos que contamos con nuestras escrituras y la inscripción consiguiente en el Registro de la Propiedad. Por lo tanto, estas acusaciones carecen de fundamento. En definitiva, somos propietarios legales y legítimos de nuestras viviendas", afirman.
Para defender su propiedad y oponerse al deslinde que está ejecutando el Ministerio de Transición Ecológica aseguran con datos oficiales que "Rafael Yagüe, redactor del proyecto del puerto de Dénia, afirmaba en 1898 que las playas de Dénia estaban en continuo crecimiento y esto causaba importantes aterramientos en el puerto natural de Dénia. Es a partir de 1935 con prolongación de la escollera norte 1929-1935 cuando empieza a notarse alguna amenaza en las playas adyacentes, pero sin concretarse. Y algo más tarde, en las décadas de los 50 y 60 es cuando la incipiente regresión se visibiliza y se extiende progresivamente a todas las playas de Les Marines, coincidiendo con el auge de la construcción de infraestructuras públicas, pantanos y puertos".
Es por lo que los afectados consideran que en el asunto del deslinde "confluyen tantos problemas y con tantos aspectos técnicos, físicos, ambientales, económicos, legales y de gestión administrativa, sociales, mediáticos y políticos, que complican mucho la discusión", pero "en todos los casos, se observa una clara responsabilidad ambiental y patrimonial del Estado, que es el encargado de construir o autorizar la explotación de infraestructuras como presas y puertos, las cuales generan este grave impacto ambiental en las playas".
En casos como el de Dénia, dicen, "el Estado trata de eludir su propia responsabilidad ambiental y patrimonial culpando a los propietarios de viviendas legales en las playas. Los acusa de ocupar dominio público y lleva a cabo nuevos deslindes sobre propiedades que ya fueron deslindadas", procediendo a "su decomiso sin conceder ninguna indemnización".
Es por lo que proponen:
- La recuperación del aporte sedimentario fluvial mediante la habilitación de bypass en los embalses y provocando avenidas controladas de los ríos.
- La recuperación del transporte sedimentario litoral mediante la habilitación de bypass en los puertos.
- La recuperación de las playas originarias mediante aportes artificiales de sedimentos de origen fluvial o marítimo.
Se trataría de intervenciones a gran escala, con millones de metros cúbicos de sedimentos, pueden frenar la erosión en muchas playas en regresión, restituir el flujo sedimentario litoral natural y generar nuevos espacios dunares capaces de resistir grandes temporales.
"Si no se toman medidas para restaurar las playas originales, estas acabarán desapareciendo por completo, lo que no solo afectará a las viviendas de los residentes, sino también a las biocenosis asociadas a este ecosistema único". "En consecuencia, el mar impactará directamente contra el suelo continental. Pero, además, se verá gravemente comprometida la actividad económica de una ciudad como Dénia, cuya prosperidad depende en gran medida del turismo. La mejor forma de proteger la costa es mediante playas amplias, con cordones dunares estabilizados con vegetación, que sostengan un ecosistema natural equilibrado".
Y rematan: "En cuanto a los deslindes, la asociación emprenderá la vía europea".