"Tierra y mar comparten el mismo fracaso: la prevención nunca llegó"
Arden los montes y se hunde la costa. Más de 400.000 hectáreas calcinadas en la península ibérica y un verano que repite su tragedia: bosques arrasados, vidas en riesgo, pueblos desalojados. En el litoral, la escena es paralela: el mar avanza, las playas se borran y los deltas retroceden. Tierra y mar comparten el mismo fracaso: la prevención nunca llegó.
En los incendios, la prevención significa limpiar montes, gestionar el combustible forestal, mantener cortafuegos, recuperar cultivos abandonados y fomentar actividades como el pastoreo o la ganadería extensiva. Invertir en ello no suele dar titulares ni votos inmediatos, pero cada vez más ciudadanos nos damos cuenta que es lo que realmente evita los desastres. Los responsables públicos deberían impulsar también la participación ciudadana como parte de la solución.
En el mar, prevenir exige reconocer que puertos y embalses han roto el equilibrio natural: los primeros retienen arena y los segundos bloquean sedimentos que antes llegaban a la costa. Esa arena alimentó playas y deltas; sin ella, el mar avanza. Según el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex), los embalses españoles acumulan ya unos 6.384 hm³ de sedimentos, volumen que debería haber seguido su curso hacia el mar. En cuanto a los puertos, no existe un inventario nacional consolidado, pero la experiencia demuestra que cada infraestructura puede llegar a interceptar desde unos pocos miles hasta más de 100.000 m³ de arena al año.
Sin embargo, no lo hacen. Los puertos se amplían sin devolver la arena que retienen y los embalses siguen bloqueando los sedimentos. La Administración, en lugar de frenar la regresión cumpliendo con el artículo 46 de la Constitución —que obliga a conservar y proteger el patrimonio natural y cultural— reescribe los deslindes tierra adentro: borra playas, borra historia y derriba pueblos enteros en nombre de una falsa protección de las personas al cambio climático.
El cambio climático es una amenaza real, pero sin el aporte natural de sedimentos sus efectos se multiplican. Culpar solo al clima, mientras se ocultan causas humanas, es greenwashing: un falso ecologismo que encubre la gestión negligente y libera a grandes corporaciones —gestoras de puertos, electricidad, agua o regadío— de las responsabilidades medioambientales que exige la normativa europea y española.
Estas casitas, levantadas hace un siglo con diseño uniforme y sabor mediterráneo, fueron parte de un ambicioso proyecto del ingeniero de montes Francisco Mira. A comienzos del siglo XX, Mira ideó un plan pionero para frenar el avance de las dunas que asfixiaban Guardamar: transformarlas en una gran pinada de 800 hectáreas —el actual Parque Alfonso XIII—. Sobre aquellas dunas, a 100 metros del mar, se construyeron las viviendas, concebidas como una barrera que protegiera la pinada de la salinización. Una estrategia innovadora, basada en soluciones naturales, que en su día mereció el reconocimiento de expertos, instituciones y del propio rey Alfonso XIII.